lunes, 5 de mayo de 2008

Un pensamiento de Claudel

La palabra de Dios…
la recibisteis no como palabra de hombres,
sino según es en verdad,
la palabra de Dios,
la cual actúa en vosotros.
1 Tesalonicenses 2:13


La palabra de Dios es viva y eficaz,
y más cortante que toda espada de dos filos…
y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.
Hebreos 4:12.

El escritor francés Claudel, quien falleció en 1955, escribió: «¡Por cierto, es algo formidable que Dios haya hablado inteligiblemente a los hombres y que esa palabra haya sido consignada para todos los tiempos en un documento escrito! No es suficiente recorrer esta palabra con los ojos y los labios, es necesario apegarse a ella, permanecer en ella, impregnarse de ella como lo hacían los antiguos padres; no con un espíritu de vana curiosidad sino con devoción; es necesario habitar en ella, almacenarla en nosotros. Debemos dormirnos y despertarnos con ella…»

Esta declaración se parece a la del profeta Jeremías, quien exclamó, dirigiéndose a su Dios: Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón (Jeremías 15:16).

¡Gracias a Dios, su Palabra (las Sagradas Escrituras) está a nuestro alcance! Es muy fácil conseguirla. Pero no basta con tenerla en casa, pues es necesario leerla y recibirla en el corazón a través de la fe. Hagamos como los habitantes de Berea, quienes en el primer siglo de nuestra era recibieron la palabra con toda solicitud (Hechos 17:11). Tampoco vacilemos en aplicárnosla: Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero (1 Timoteo 1:15).

Fuente: La Buena Semilla

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