lunes, 20 de julio de 2009

Abraham: Amigo de Dios


“Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios” (Santiago 2:23)

Abraham en el Monte de Moriah es el ejemplo supremo de la fe.

En este texto hay algo que no se encuentra en ningún otro pasaje de la Biblia – la frase “amigo de Dios.”

Abraham fue el ejemplo mejor de un amigo de Dios. No hubo ninguna otra persona que fue elevada al nivel de Abraham.


Esto nos enseña que Dios sí tiene amistades especiales. Las Escrituras dicen que Dios amó a Jacob pero odió a Esaú (Romanos 9:13), que Dios rechazó a Saúl pero prefirió a David, que Dios en Cristo escogió los doce sobre los setenta, y Pablo, Santiago y Juan sobre los doce. Dios habló a los profetas por medio de sueños y visiones, pero a Moisés habló cara a cara como un hombre habla con otro hombre.

No debemos esperar que Dios tenga la misma amistad con toda persona. Nunca lo ha tenido y nunca lo tendrá. El hombre juzga por las apariencias exteriores pero Dios juzga por los secretos del corazón.

¿No te alegras que el omnipotente, omnipresente, y omnisciente Dios escogió sus amigos de entre los humanos pecadores y no los ángeles y que encontró uno quien pudo llamar amigo sobre todo amigo?

Ya que somos hechos en la imagen de Dios ¿no tenemos nosotros también el privilegio de ser amigos con Dios?

¿Por qué escogió Dios a Abraham sobre otros hombres como Enós, Noé, José, Moisés, David, Elías, y Daniel? La respuesta a esta pregunta se encuentra en Santiago 2. En este capítulo Santiago define la fe.

Para muchos leyentes las escrituras de Pablo no explican muy bien lo que es guardar la fe. Aún más, muchas personas, especialmente los que no han leído bien el libro de Santiago, han decidido que solo necesitas creer que eres salvo para serlo y que solo necesitas creer que iras al cielo para hacerlo. Santiago destruye esta lógica en su libro.

Santiago dice:

“Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras? Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios” (Santiago 2:17-23).

Te di este pasaje entero para que veas la transición entre fe falsa y fe definida por la obra de Abraham.

Primeramente, la palabra “obras” en el pasaje es sinónima con la obediencia. Cuando Santiago dice, “la fe sin obras es muerta,” quiere decir que la fe sin obediencia es muerta. La obediencia permita la eficacia de la fe.

Por segundo, Santiago compara la fe sin obediencia con la fe del diablo: “También los demonios creen...” Claro que creen. En un tiempo todos fueron ángeles. Claro que creen. La diferencia es que aunque creen, no obedecen. Tiene “fe sin obras.”

Por tercero, observa como Santiago reprende a todos los creyentes que tienen fe sin obediencia como los demonios. El los reprende por ser vanos y necios.

Para mejorar su caso aun más Santiago nos dirige hacia Abraham como el ejemplo supremo de la fe. “¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?” ¡Esa es fe verdadera!

En ese momento las Escrituras fueron cumplidas y Abraham fue llamado amigo de Dios. Por medio de la experiencia de Abraham, la fe bíblica fue definida para toda la Cristiandad.

Estudiemos este evento un poco más: Dios mandó a Abraham que llevara su único hijo para sacrificarlo en el altar. De nuevo, fue en este momento que la obediencia y la fe combinaron para complacer a Dios.

La obediencia de Abraham fue así: “Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo...” (Génesis 22:3).

Abraham obedeció inmediatamente y empezó su jornada al Monte Moriah para sacrificar a su hijo. Construyó el altar y puso la leña sobre él. Puso a Isaac en el altar e intentó matarlo.

Esta es obediencia perfecta. No es como la obediencia parcial del Rey Saúl cuando salvó la vida del Rey Agag y sus ovejas. La obediencia de Abraham fue perfecta.

La obediencia de Abraham también demostró fe perfecta. Abraham creyó que una vez muerto Isaac, Dios lo resucitaría porque le había prometido a Abraham que por medio de su simiente toda la tierra sería bendecida. Abraham tuvo fe perfecta que Dios haría lo que había prometido (véase Romanos 4:16-22). ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!

Ahora estamos listos para hacer las preguntas grandes: ¿Cuándo llamó Dios a Abraham un amigo de Dios? y ¿Cuándo fueron cumplidas las Escrituras? Fue en el momento que Abraham empezó a mover el cuchillo hacia el pecho de Isaac. Fue precisamente en ese momento que la justicia de Dios fue derramada sobre Abraham.

Desde ese día, en cualquier momento que la fe pura y la obediencia perfecta se manifiesten en el mismo corazón la justicia de Dios será derramada sobre él. Todos los que han tenido esta experiencia son los verdaderos hijos de Abraham así como Jesús hable de Zaqueo (Lucas 19:9), y todos los que carecen de la fe de Abraham no recibirán la justicia de Dios así como el Rey Saúl. Debemos confiar en Dios con todo nuestro corazón y obedecerle para recibir su justicia.

No se encuentra en toda la Biblia una ilustración mejor de la fe y obras (obediencia) que la de Abraham en el Monte de Moriah. Fue Abraham, entonces, quien recibió la promesa eterna de Dios, la promesa que llegó a ser la definición y el estándar para nuestra salvación.

Es por esta razón que el hombre rico en Lucas 16 vio a Abraham desde el Hades. El ver a Abraham fue la forma en que Dios le recordó de la razón por la cual estaba en las llamas eternas. El rico se consumía porque no tuvo fe como Abraham.

Es por esta razón también que Mateo 8:11 dice, “Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos.”

Es por esto también que en Lucas 13 Jesús dice, refiriéndose al Día del Juicio, “Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad. Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos” (v. 26-28).

Hay algunos que dicen que en el momento que lleguemos al cielo nos encontraremos con Pedro al quien tendremos que presentar con una respuesta teológica digna de entrada al cielo. ¡Que tontería! No existe prueba bíblica de que esto sea cierto. Pero sí hay prueba bíblica que todo el que va al infierno verá a Abraham desde lejos así como el hombre rico.

Escudríñate ahora y ve si tienes la fe de Abraham para que la justicia de Dios pueda ser derramada sobre ti.

Para cerrar, una encuesta reciente hecha por Charles Allen de los miembros de la iglesia identificó estas estadísticas interesantes:

10% no se encontraron

20% nunca asisten a la iglesia

35% nunca leen la Biblia

40% nunca contribuyen a la iglesia

60% nunca estudian materiales religiosos

75% nunca toman responsabilidad en la iglesia

85% nunca invitan otras personas

95% nunca han ganado otra persona para Cristo

100% esperan ir al cielo

Santiago dice, “¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?”

Si, Abraham fue el amigo de Dios. Ahora sabes y te regocijas que tu también puedes ser un amigo de Dios. Jesús dijo, “Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando” (Juan 15:14).